Ha sido como mirar dentro de un caleidoscopio de fragmentos de espejo y ver reflejadas en cada uno de ellos todas las Elenas que son, que pudieron ser, cada encrucijada, cada decisión.
Pero me niego a reconoceme allí; yo no soy ese reflejo quebrado, lo sé... ¡no puedo serlo!
Y me pregunto como siempre: ¿quién soy?. Y al mirar de nuevo tengo la angustiosa sensación de que la mirada atraviesa los reflejos, de que en realidad no hay nada allí... como un vampiro... El caleidoscopio gira otra vez, y la imagen cambia, despedazada de modo diferente, y la sensación y su vértigo desaparecen al verme reflejada fugazmente en otro lado, en otros lados.
¿Es eso todo lo que soy? ¿Una sucesión de destellos breves e inconexos? ¿...?